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Comunicar para existir

Addy Rossi – Vicepresidente

 

Cuando acepté la vicepresidencia de la Federación Internacional de Periodistas Agrícolas (IFAJ), comprendí algo esencial: las asociaciones no viven de las firmas de sus estatutos ni de las cuotas de sus miembros. Viven —y sobreviven— gracias a la comunicación.

Comunicar no es enviar un correo electrónico ni completar un boletín informativo. Es escuchar, es crear espacio, es conectar. Veo la comunicación como el aire que mantiene viva la chispa de esta red que une a periodistas de 66 países en los cinco continentes. Sin ella, nos convertimos en islas; con ella, somos un archipiélago conectado por puentes invisibles.

Lo que más me impresiona es cómo un mismo tema puede tener mil matices según el lugar del mundo en que se cuente. El maíz en México no es el mismo maíz en Argentina. La avicultura en Brasil no enfrenta los mismos desafíos que en Colombia. Y si profundizamos, vemos que la ganadería en Australia no tiene nada que ver con la ganadería lechera intensiva de los Países Bajos, ni con la producción ovina de Nueva Zelanda, ni con las innovaciones agrícolas que están transformando Sudáfrica. En Canadá, por ejemplo, la comunicación sobre agricultura suele centrarse en la sostenibilidad y la trazabilidad; en India, en cambio, la necesidad urgente es dar voz a millones de pequeños productores.

Pero cuando compartimos estas realidades, todos aprendemos y ampliamos nuestra perspectiva. Esa es la riqueza de pertenecer a una federación global: no imponer una narrativa única, sino tejer voces diversas que se reconocen mutuamente.

Por supuesto, la comunicación interna también es un desafío. No se trata solo de intercambiar mensajes, sino de generar confianza. Se trata de sentir que un colega en Ghana me habla con la misma cercanía que uno en Alemania; que una periodista en Japón sabe que su experiencia importa tanto como la de alguien en Uruguay. Esa confianza nace de la claridad y la coherencia: hablar a tiempo, sin rodeos y sin miedo a admitir errores o diferencias. La otra cara es la comunicación externa. ¿De qué sirve reunirnos si lo que compartimos no llega a productores, consumidores ni instituciones? El mundo necesita comprender que la agricultura no es un tema marginal, sino la esencia de la seguridad alimentaria y un futuro sostenible. Y ahí es donde nuestra voz, como periodistas, puede marcar la diferencia: no solo describimos la realidad, también la visibilizamos.

Me gusta pensar que en el IFAJ no somos solo colegas que comparten datos. Somos narradores que construimos una memoria colectiva del campo y de quienes lo trabajan en todos los continentes: desde el trigo cultivado en Ucrania hasta el cacao que fermenta en Costa de Marfil, desde las granjas familiares en Estados Unidos hasta los invernaderos de España. Y en ese sentido, la comunicación no es solo una estrategia: es compromiso, es identidad.

Personalmente, creo que debemos alimentar esa llama. Asegurarnos de hablar, de escucharnos, de que nadie esté aislado. Porque sin comunicación, el IFAJ muere en silencio. Pero con la comunicación la IFAJ se hace cada vez más fuerte y más global.

Adalberto Rossi, Vicepresidente IFAJ